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lunes, 13 de noviembre de 2017

La mitad del camino del festival de teatro de Vitoria-Gasteiz.

A mitad de festival de teatro de esta pequeña ciudad del mundo llamada Vitoria, es hora de hacer un pequeño repaso de lo mejor que ha pasado por las tablas del Principal.
Una obra de teatro, un actor y una actriz para empezar. En un par de semanas cerraremos las puertas hasta navidades pero queda otro año más el riesgo por hacer algo diferente y la energía que solo el teatro es capaz de dar.

- Sueño ( de Andrés Lima):
Lo mejor de mi mejor ficción de los últimos meses.
Se me puede acusar de falta de objetividad en todo lo relacionado al trabajo de Andrés Limay es que no hay ningún director o autor teatral español con el que sintonice mejor que con él.
Desde los tiempos del grupo Animalario, Lima consigue abrirme la mente y mi imaginación en cada una de sus obras.
Cada vez que me siento en una butaca a ver su teatro nunca se lo que esperar y siempre consigue sorprenderme y removerme.
Valiente, surrealista y algo provocador Andrés decide en este SUEÑO adentrarse en los últimos días de la vida de su padre que vivía en una residencia, entrelazándola con los saltos del protagonista al delirio que le lleva a imaginarse en SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO de Shakespeare.
Aquí no hay héroes ni princesas, solo el exorcismo de un hijo ( el guion es del propio Lima) que hace no mucho perdió a su progenitor al que trató de acompañar en sus últimos de locura nadando en alcohol y demencia.
Si el surrealismo es el respiradero a la trágica realidad que representa y un golpe a la apatía del espectador, lo que mejor funciona en la obra es la relación del padre con el hijo. Una fantástica Nathalie Poza encarna al alter ego del director ( si querido Javeir Marías, es una magnifica actriz haciendo de hombre, lo que más te gusta ver sobre las tablas) que interpela al espectador hablando directamente al patio de butacas para que le acompañe en ese duro final.
Pero no hay que esperar sentimentalismos o lágrimas en SUEÑO, Andrés no contempla esto ni en los momentos finales, su adiós lo escribe desde el cariño a este hombre caótico, enfermo pero magnético y seductor al que la vida se le va a tragos y entre recuerdos de amores pasados.
Nathalie es la última superviviente de aquella genialidad llamada Animalario y sigue ligada al universo de Lima que saca lo mejor de ella cada vez que trabajan juntos, convirtiéndola en alter ego y musa indispensable.
En este caso concreto le ofrece la posibilidad de dar emoción a uno de los momentos más difíciles de su vida dentro de la obra más personal de mi director de teatro más IMPORTANTE.

- Juan Echonove ( en Sueños de Gerardo Vera):
Y como parece que este ha sido el Festival de teatro de los sueños, tuvimos a Juan Echanove haciendo de Francisco de Quevedo en SUEÑOS de Gerardo Vera.
En este caso el surrealismo y el delirio no está tan logrado como en la obra de Lima, pero lo que es incontestable es el portentoso trabajo de su protagonista.
Como los años no pasan en balde, hemos tomado la decisión de bajar del anfiteatro al patio de butacas ahora que vamos acercándonos a los 40.
Lo bueno de este cambio de lugar es que se puede ver mucho mejor cada detalle que ocurre sobre el escenario.
Por eso ha sido tan fascinante ver al viejo Quevedo de Echanove, que parece entrar literalmente en trance sobre las tablas.
Hay veces que se tiene la fortuna de ver buenos intérpretes en el teatro, en ciertas ocasiones actores y actrices extraordinarios y en privilegiadas ocasiones interpretes en estado de gracia.
Echanove ( al que la serie Cuéntame despidió sin ningún miramiento matando a su personaje) ha encontrado en el teatro los personajes a la altura de su descomunal talento que parecen negarle en cine y TV.
En esta obra se entrega de tal manera que como espectadora podías notar como temblaba o perdía la mirada en cada uno de sus gestos sin perder nunca la concentración.
De manera silenciosa y discreta este actor está llegando a un punto de su carrera en la que es un verdadero privilegio verle sobre las tablas, de esas ocasiones en las que dentro de unos años tendré el orgullo de decir que tuve la suerte de verlo en directo.

- Belén Cuesta ( en Los universos paralelos de David Serrano):

Este es el año de Belén, y si nada se tuerce es más que probable que en unos meses se lleve a su casa el Goya a mejor actriz secundaria.
La joven actriz por fin ha conseguido que se popularice su rostro gracias a la película La Llamada y la obra de teatro Los universos paralelos.
Aunque la obra de teatro tiene ciertos saltos temporales un tanto bruscos y cambios en las reacciones de sus personajes muy forzados, la ternura con la que se trata el duelo de una familia que ha perdido a un niño de 4 años en un accidente hace que la obra merezca la pena.
Sin ser la protagonista, Cuesta insufla vida y alegría a la pieza y cada una de sus apariciones es un despliegue de talento ante el patio de butacas.
Belén ha llegado para quedarse. Y nosotros nos sentaremos a disfrutarla.

jueves, 18 de mayo de 2017

Teatro: Cartas de amor ( de David Serrano) ________ Las palabras de una vida.


Lo mejor de la obra: Partiendo de una base muy usada, la de las cartas de amor, construye una obra de teatro sólida y elegante sobre la relación entre dos seres humanos durante 60 años.

El momento de la obra: El final, honesto, duro y difícil.

La frase de la obra: ¨No te fijes en mi pelo, ni lo mires"  La maravillosa y coqueta Melissa Gardner ( Julia Gutiérrez Caba).

Parece que uno de mis grandes retos estos últimos meses es el de superar los prejuicios, muy especialmente en el teatro.
No soy muy seguidora de las historia de amor, la comedia romántica o el romance. En general no son mis historias favoritas, por eso cuando leí el titulo del último trabajo de Julia Gutiérrez Caba se me torció la nariz.

Cartas de amor. Bufffff, que pereza.
Pero claro, está interpretada por una de las más grandes de la escena. Y dirigida por David Serrano, que es alguien del que su trabajo me interesa siempre.
Y mi acompañante me insiste que tiene ganas de ver algo más dulce. Y sobretodo QUE ES TEATRO, ¿ te hace falta algún argumento más?.
NO. La verdad es que no.
Así que anoche nos sentamos en la butacas del Teatro Principal sin mayor pretensión que pasar un buen rato y que maravilloso es cuando este te agarra y te da la vuelta a los prejuicios para que escuches.
Me interesa toda historia que trate de buscar límites, ya sea narrativos o estéticos. Obras de teatro que sean rompedoras y que transformen al público, y en ese interés muchas veces me pierdo el de paladear.
Cartas de amor es la historia de una mujer llamada Melissa Gardner y un hombre llamado Andrew Ladd III.  Durante hora y media transitamos por su historia a través de las cartas que se han intercambiado durante toda la vida.
Desde que eran un par de adolescentes hasta la muerte de uno de ellos. Más de 60 años de misivas para contarnos la relación entre dos seres humanos que nunca acaban de encontrarse en el mismo punto ni vital ni geofísico, y de paso hacer una radiografía de dos personas.
La premisa no es muy original, es una historia contada en multitud de ocasiones, lo que aporta este trabajo es su puesta en escena.
Son dos actores sentados cada uno en una esquina del sofá, y cada uno nos lee las cartas que le escribió al otro.
El movimiento está en las hojas de papel que cada uno deja caer al suelo una vez leída. Una a una caen como lo hacen los recuerdos de dos vidas muy distintas, dos seres humanos que no tenían porque entenderse y que acaban comunicándose durante 70 años.
Más que la historia de amor imposible, de la obra me interesa como retrata la comunicación entre los seres humanos, la dificultad de expresarse y como estos dos personajes lo consiguen gracias a las cartas, porque como le dice Andrew a Melissa en un momento dado ¨ las llamadas de teléfono se pueden cortar y olvidar, las cartas son para siempre¨.
Ninguno de los dos ha sido más honesto con nadie como lo es con el otro. Con nadie se relacionan mejor incluso a través de los países o la distancia que el uno con el otro.
Dos personajes cada uno en una esquina del sofá, que representa la distancia física entre ellos pero unas cartas en la mano con palabras que les sirve como puente.
Sentada en la butaca la obra consiguió atraparme desde el primer momento, entré en ella como los niños cuando les cuentan un cuento. Escucho a esta mujer y a este hombre contarme su vida y la veo en mi imaginación. No necesito más que la voz de estos actores para entrar en el mundo de esta pareja que nunca acaba de serlo, de viajar con cada uno de ellos hasta Japón o Italia, volver a Nueva York, casarse con otros, tener hijos, divorciarse, enfadarse entre ellos, reencontrarse, hacerse amantes, separarse, volver a reencontrarse y todas las fases por las que puede pasar una relación durante 60 años.

Una vez terminó la obra entendí que un buen libreto, a pesar de nacer de una premisa muy común, puede ser como una copa de vino tinto para paladear.
Despacito, degustándola y saboreándola es cuando mejor sabe. Porque Cartas de amor es ante todo elegante, suave y deliciosa si dejas que te atrape.
David Serrano que dirigió esa obra maestra llamada Lluvia Constante apuesta esta vez por un giro de 180 grados para ofrecernos otro gran trabajo.
Si la obra protagonizada por Sergio Peris Mencheta y Roberto Álamo era músculo, entraña y víscera que golpeaba en el estómago al espectador, Cartas de amor es emoción, corazón y elegancia.
Dos trabajos con solo dos personajes, dos obras que hablan de la relación entre esos dos antagonistas, de su comunicación y de los altibajos en esa comunicación.
Y cuatro grandes actores.
De los protagonistas de la primera ya hable largo y tendido en su momento,
de los protagonistas de la segunda no hay mucho más que yo pueda añadir que los amantes del teatro no sepan.
Miguel Rellan siempre ajustado, siempre efectivo, con ese rostro que vale para todo y que siempre dignifica su trabajo.
Julia Gutiérrez Caba dama entre las damas, de esas actrices que son puro teatro y aporta la elegancia que la obra esta pidiendo.
Una vez más el teatro, ese TEATRO que escribo con mayúsculas.

sábado, 8 de abril de 2017

Teatro: Cervantina ( de Yayo Cáceres) ________ Carta de amor a RON LALÁ.


Como es esto del enamoramiento. Una no sabe ni cuando ni como le llega. Tampoco por qué. No hay razones obvias ni muy explicables de porque justo le ocurre en un momento y no en otro.
Hace unos años ( que más da el número, ya son unos cuantos) me senté en un pequeño teatro de Vitoria a ver vuestra obra Siglo de oro, siglo de ahora.
Debo confesar que no sabía quienes erais, solo sé que fui porque mi acompañante me dijo que había oído muy buenas criticas de vuestra obra, y como soy fácil de convencer y no hay plan que más me pueda gustar que ir al teatro un viernes por la noche.....allí me senté sin saber lo que estaba a punto de ocurrir.
Puede que fuese por la época que estaba viviendo, en la que el teatro estaba adquiriendo un lugar en mi vida que durante años me había negado a darle, o porque no esperaba reírme tanto con una obra que hablase desde los textos clásicos....lo cierto es que aquel día marco un antes y un después para mi.
Recuerdo perfectamente con quien fui a veros esa noche, la sensación de salir subida a una nube y de la alegría que habíais inoculado a mi organismo para siempre.
Cada vez que recuerdo aquella obra y aquella noche, lo haga con una sonrisa.
Siglo de oro, siglo de ahora fue mi flechazo.
Pero ¿ como era posible que me gustase tanto un grupo que crea todo alrededor de las obras clásicas de Cervantes y en las que se declamaba en verso? ¿ No se suponía que yo abogaba por el teatro de vanguardia y moderno que busque nuevos horizontes?
Que engreimiento el mío.
Tiempo después llego En un lugar del Quijote. Otra vez en ese pequeño teatro vitoriano llamado Ibaiondo.
Esta vez con tantos acompañantes que podíamos llenar un mini bus, un adolescente incluido entre nuestras filas porque sabía que iba a serle una experiencia útil acercarse al Quijote a través de un teatro dinámico y con muchas ganas de enseñar disfrutando.
Y entonces lo entendí.
Entendí que los textos clásicos en manos de personas con un gran talento y muy inteligentes podría ser más modernos y rompedores que cualquier obra actual.
Que había tenido muchos prejuicios con el verso no solo por desconocimiento, sino por mi propia limitación y que eso me había supuesto perderme a gran parte de los mejores.
Que para acércame al verso no podría hacerlo desde mi cabeza a mil por hora, que necesitaría pensar en lo que estoy escuchando, analizarlo y vivirlo desde la calma, no de tormenta constante siguiendo a la palabra.
Y eso ha sido gracias a vosotros, Ron Lalá.
En un lugar del Quijote fue el paso más allá tras el flechazo. Fue mi confirmación.
Desde esta segunda obra, he estado esperando el tercer acto de este enamoramiento. Una espera larga que he tenido que afrontar con paciencia y supliendo la tristeza con vuestros videos en YouTube.
La alegría que me invadió cuando supe que tenías nuevo trabajo no es comparable a casi nada, y el pánico que sufrí cuando vi que Vitoria no acababa de salir en vuestra gira no se lo deseo a nadie.
Pero esta noche nos hemos reencontrado.
Y ha sido el afianzamiento.
Con vuestro universo, con vuestro acercamiento a Cervantes esta vez más allá del Quijote, con vuestra subversión desde lo clásico.
Cervantina es todo lo que esperaba y más.
Es la más madura, la más meditada y trabajada de todas vuestras obras. La más minimalista puesta en escena, para apostar por el ritmo en los textos menos conocidos del manco de Lepanto.
Me produce alegría saber que los años, como al vino, os está haciendo mejores. No creí que fuese posible, sobretodo sin renunciar a lo que es vuestra esencia.
5 actores, Cervantes, música y canciones en directo. Cuatro ingredientes que son vuestra base y por lo que yo sentí el flechazo por primera vez.
Cervantina es toda una demostración de lo que es tener el talento de base y hacerlo volar con magia.  Es saber cantar, actuar y tocar cualquier instrumento (uno de vosotros ha llegado a tocar seis en directo desde el escenario...
y rociarlo con un humor inteligente.
En vuestro teatro hay siempre una reivindicación de la historia, de la risa como cura, de la memoria como prevención de los grandes males, de la inteligencia como única forma de luchar contra lo terrible y de la cultura como cura.
Sois maestros sin dogmatismos y libres sin las ataduras de la exigencia. Sois auténticos en un mundo de selfies... Y MI GRAN AMOR TEATRAL.
El teatro es afortunado por tener entre sus filas una compañía como Ron Lalá, los espectadores tenemos la responsabilidad de que puedan seguir durante los próximos años trabajando, acudiendo a sus obras....y yo esperar la cuarta parte de este enamoramiento que con cada obra va a más.
Hasta pronto,  en un mundo en el que conseguís que salgamos del teatro deseando leer a Cervantes.
Nos vemos en el camino y desde el corazón.

domingo, 12 de marzo de 2017

Teatro: El cartógrafo ( de Juan Mayorga) __________ Los mapas de un gueto, la cartografía de varias vidas.



Lo mejor de la obra: TODO. TODO. T.O.D.O. Todoooooooooo.

El momento de la obra: Los que protagonizan la nieta y el abuelo.

La frase de la obra: ¨Todo va a borrarse, la cabeza es como un mapa rodeado de agua¨.

Soy absolutamente consciente de lo afortunada que soy de poder ver en el teatro, en vivo, las obras que escribe y dirige Juan Mayorga.
Uno de esos autores extraordinarios, especial y único por su capacidad para incitar, provocar, estimular y remover al espectador a través de sus trabajos.
Cada vez que he podido ver sus obras de teatro siempre he sentido estar en un dialogo con un escritor que me habla desde el respeto, que me incita a que yo forme parte de lo que estoy viendo a través de mi imaginación y entiende que mi bagaje personal pondrá lo que él omite.
En este caso Mayorga es consciente de que tenemos en nuestra memoria visual muchas películas centradas en los guetos judíos, como por ejemplo El pianista de Roman Polanski, y en vez de luchar contra eso lo usa a su favor para poder hacer elipsis y omisiones que ayudan a que la narración sea más fluida.
Porque esta obra es como un rio que fluye a través de la dura historia de una Varsovia con el mayor gueto judío de todo Europa, un rio con el cual el director nos recuerda la historia de un continente incapaz de aprender de su pasado.
Tan duro es lo que cuenta, que en medio de la función sus dos actores paran la representación para que el teatro encienda sus luces, poder mirar directamente a la platea a los ojos y tras disculparse, recitar las dos siguientes hojas del guion porque interpretarlo resultaría insultar al dolor.
Un director en una búsqueda constante de un leguaje teatral propio, que lleve al espectador a un lugar de su mente que conecte con esa historia tan personal pero que al final puede ser la de cualquier familia.
El cartógrafo es un trabajo original de Mayorga, surgida de su imaginación, que nos transporta a dos épocas diferentes de la capital polaca.
Una, la época actual,  de la mano de la mujer ( Blanca) de un ayudante del embajador español en la capital de Polonia.
Dos, la época del gueto de Varsovia de la mano de una niña y un abuelo.
Las dos unidas por un puente que se desvelará al final, y que acabará de cerrar el mapa de la vida de estos dos personajes sentados frente a frente.
¿ Por qué un autor de aquí habla de una historia en otro país?
Porque habla de Europa, habla de hechos que ocurrieron hace apenas unos años y que están volviendo a repetirse y porque al final es un espejo para hablar de nosotros.
Pero sobretodo es una obra sobre las fronteras, sobre los limites que marcamos en el suelo y en la mente, sobre los mapas de nuestra vida y nuestros pasados. Los muros que separan.
La reivindicación que hace el autor de la memoria histórica y personal como único camino para no repetir errores es tan emocionante e intima, que solo podría hacerlo de la mano de Blanca Portillo.
La Portillo.
Y si he empezado diciendo lo afortunada que me siento por poder ver los trabajos de Mayorga en vivo, el poder ver a esta mujer encima de un escenario es un regalo que el teatro me hace.
Cada vez que me siento en una butaca sabiendo que voy a ver a Blanca sobre un escenario siento una emoción muy especial, de esas que recordaré toda la vida.
Porque yo amo el teatro y Blanca es TEATRO, del bueno, mágico, grande e infinito. Del que convierte a este medio en ARTE.
Su fuerza y capacidad de transformación sobre las tablas es algo tan único  que hace más grande los textos en los que se involucra.
En esta obra pone piel a tres personajes, una niña, una cartógrafa durante varios años de su vida y una mujer deambulando en la actual Varsovia en busca de un cierre.
No le hace falta más que un gorro para mudar de piel y lo fascinante es que a través de su voz y sus movimientos da una entidad clara a tres mujeres diferentes.
Y algo todavía mejor, hace mejores a los de que trabajan a su alrededor. En este caso a José Luis García-Pérez.
Debo confesar que este actor nunca fue santo de mi devoción, y durante años le mire de lejos en su trabajo recelando de esa voz ronca que no sabia como encajar en mi universo teatral.
La primera vez que baje la guardia fue cuando la propia Blanca le dirigió en La avería y aunque salí fascinada por el trabajo de Emma Suarez y Asier Etxeandia, José Luis era un actor colateral que no me molestó y que simplemente estaba ahí.
Años después volvió a dirigirle en su versión personal sobre Don Juan Tenorio, ofreciéndole el protagonista de un trabajo difícil al que él supo dar una doble cara de seductor y maltratador que hizo cambiar mi percepción sobre él.
Una obra de teatro que compartí con mi padre, el cual me reto a que viese en ese actor algo más de lo que había visto hasta ese momento.
En El cartógrafo su tête à tête con la que fue su directora es el colofón de dos interpretes en su mejor momento, que bailan durante las dos horas que dura la función en un escenario prácticamente vacío al que ellos insuflan vida.
Y luego esta su química, la electricidad que recorre entre estos dos actores es algo que yo necesito disfrutar más. Los quiero más veces juntos en diferentes personajes frente a frente y de la mano.
Ya he tenido una pequeña taza de esa química en la serie Sé quién eres, donde José Luis ha aceptado salir en solo dos escenas ( por lo menos en lo visto hasta ahora en los ocho capítulos emitidos) haciendo de amante del personaje de Blanca, y en con solo cuatro minutos ha conseguido que como espectadores veamos una nueva cara de la jueza castro.
Eso es lo que hacen dos actores con química, hacerse mejores uno al otro.
Y así es como se crean mis sueños, con obras de teatro que amplían mis limites y me emocionan desde la palabra, y dejan un halo de esperanza para el teatro que espero poder ver en el futuro.
Sueños unidos al futuro de esta mujer como actriz, como directora y/o como productora
Sueños unidos al talento de una mujer llamada Blanca Portillo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Teatro: Reina Juana ( de Gerardo Vera)_____ de la Reina Concha a la Juana Velasco.

Lo mejor de la obra: Concha Velasco, cada vez más grande, cada vez mejor actriz, cada vez llegando más lejos. La lección de historia que nos dan en hora y media. Que la protagonista sea la vida de Juana y escuchemos su historia a través de ella, no de nadie más.
Un escenografía, una iluminación y unas proyecciones al servicio de la actriz y no al revés. Todo esta preparado para contar la historia y ayudar a su protagonista, no para sacar al espectador de la función.

El momento de la obra: Juana recuerda su primer encuentro con su esposo Felipe.

La frase de la obra: - Moriré siendo Reina, pero nunca gobernaré.

Empecemos por el final, por una Concha Velasco pidiendo callar a un teatro Principal de Vitoria que está aplaudiendo a rabiar porque quiere decir algo.
Después de una hora y media ella sola en el escenario, recitando la vida y obra de la Reina Juana, esta mujer de 77 años todavía tiene algo que decir.
Lo primero, agradece a la gente que haya venido a verla, después nos deleita diciendo lo mucho que le gusta la ciudad de Vitoria la cual conoce gracias a una amiga que la pasea por su casco histórico cuando viene a trabajar y terminando por decirnos las tres palabras que sabe en Euskera aprendidas gracias a su amigo bilbaíno, el director Pedro Olea.
En ese momento solo quieres llevarte a la Velasco a casa y quedártela para siempre.
Lo que demuestra este gesto, es el respeto, el compromiso y la dedicación que tiene esta mujer por su trabajo, o igual podríamos decir pasión porque el actuar parece salirle a LA VELASCO de la entrañas.
Concha aborda en esta obra la vida de la Reina Juana, la que llamamos comúnmente Juana la loca, hija de los Reyes Católicos. 
Ayer comentábamos a la salida lo alargada que es la sombra de la película de Vicente Aranda protagonizada por Pilar López de Ayala llamada Juana La loca.
Comparando los dos títulos vemos la diferente aproximación que hacen los dos trabajos de esta figura histórica.
Por un lado, la película de Aranda pone tras el nombre LA LOCA, centrándose ante todo en la relación de esta con su marido, en la atracción que surgió desde el principio y la pasión que llegó hasta el final.
En la película Juana es ante todo una mujer enamorada, obsesiva, loca de amor.
Es curioso que con los años mi adoración por la película de Aranda haya descendido hasta niveles muy bajos, porque con el tiempo he dejado de apreciar esa visión que el director nos dio del personaje histórico muy centrado en la pasión por su marido y muy poco en su historia como mujer y reina.
Aranda enfoca toda su película en los celos, la pasión y los impulsos. Deja detrás a la mujer.
La obra de teatro en cambio busca contar la historia de la mujer, es REINA antes del nombre, es la historia contada desde su encierro en la ciudad de Tordesillas, es una Juana que revisita las relaciones más importantes de su vida a través de los recueros, su madre Isabel, su padre Fernando, su marido Felipe y sus seis hijos.
Pero sobretodo es una obra que habla del poder y la corrupción.
En la obra de Gerardo Vera, Juana se está confesando por petición de su nieto que teme que su abuela se haya convertido o sea una hereje.
Juana odia la corona porque transforma a las personas, las convierte en seres oscuros siempre en busca de algo más, de más alianzas, de más poder.
NO PODRÍA ESTAR MÁS DE ACTUALIDAD.
Juana murió en 1555 y su entorno es terroríficamente parecido al entorno de la monarquía actual.
Pero esta obra no es evidente en su denuncia de un sistema corrupto, lo hace con sutilidad e inteligencia.
A través de un guion sólido, apoyado en datos históricos que el autor Ernesto Caballero ha sabido integrar muy bien en un monólogo interesante, es cierto que la obra aqueja en diversas momentos de bajones de ritmo que no impiden apreciar al final la elegancia de un texto solido y claro en lo que quiere contar.
Y lo que cuenta es la historia de una mujer a la que manipularon al antojo de la corona, que tuvo que someterse a las decisiones primero de sus padres, luego de su marido y finalmente de sus hijos.
Una mujer que nunca reino pero que fue reina, y que paso a la historia por estar loca de amor.
Pero como las buenas obras de teatro, lo que plantea esta Reina Juana es si esa imagen que ha perdurado en el tiempo no es solo un cliché, sino una reducción de una mujer mucho más compleja y aprisionada en una época que las ahogaba.
Y Reina Juana es la buena suma de tres grandes de la escena teatral, el director Gerardo Vera siempre visualmente estimulante, el autor Ernesto Caballero del centro dramático nacional, riguroso, inteligente y elegante en sus guiones, y una Concha Velasco entregada a la historia en cuerpo, mente y alma.
Velasco tiene 77 años, está de vuelta de todo en la vida y ha hecho todo lo que había que hacer en el mundo de la interpretación....y ahí sigue.
Regalándonos a las personas que amamos el teatro trabajos como este de Reina Juana.
Por lo complicado que es seguir en activo para las mujeres de determinada edad, por la fascinación que hay con la juventud frente a la experiencia, por una mujer que empezó siendo chica ye-ye y ahora es la Reina Juana...
CONCHA VELASCO gracias por dar belleza, inteligencia, talento y dignidad a tu oficio.

jueves, 9 de febrero de 2017

Incendio en el Teatro Arriaga

El domingo 22 de Enero de 2017 el escritor Javier Marias publicó en su columna semanal del periódico El País un artículo titulado Ese idiota de Shakespeare, que causó un enorme revuelo en el mundo del teatro por el tono despectivo que utilizaba para hablar del mundo de las tablas.


No voy a poner aquí el enlace de ese articulo, cualquiera lo puede encontrar navegando por los pozos de internet, pero si voy a escribir porque me he sentido agradecida tras haberlo leído.
Su articulo es una opinión personal, subjetiva y muy rancia sobre el mundo del teatro. Él mismo reconoce en las primeras líneas de su texto que hace años que no va a ver ninguna obra y sin embargo se permite escribir un articulo completo dilapidando a todo un arte porque se ha vuelto demasiado adaptador de tontunas contemporáneas.
Pero superemos ese punto de vista tan contradictorio de hablar de algo que hace años que no se ve y mejor comentemos más a fondo las perlas que nos regala.
Entiendo que odie que le saquen de su butaca al escenario por obligación en un espectáculo si él no está interesado en participar, también tengo que decir que yo llevo años yendo a todo tipo de obras y NUNCA, digo bien, NUNCA me han sacado. Será que como él es un escritor famoso, es más reconocible y un gran imán para que los actores vayan a por él.
La suerte de Marías ahora que ha escrito este artículo es que puede ir tranquilamente a cualquier teatro, que nadie va a querer sacarle, ha encontrado la fórmula perfecta para que le ignoren.
Otro de los puntos a destacar ( y mira que es un texto pequeño, pero tiene mucha miga) es la comparación que hace entre simbólico e inverosímil. "Se permite lo simbólico y lo inverosímil en mucho mayor grado" dice textualmente Marías en su artículo de opinión, como si cualquiera de las dos cosas o las dos cosas relacionadas, fueran malas. 
Una de las muchísimas grandezas que tiene el universo teatral es el uso del recurso de lo simbólico, más aprovechable y lucido que por ejemplo en el cine. El poder imaginar elementos, lugares, personas, utilizar cualquiera de estos para representar a otros....todo eso forma parte de la magia de este arte.
Esa opinión tan arcaica de que el teatro deber ser clásico hasta en el vestuario, pareciéndole por ejemplo un sacrilegio vestir a los actores de Hamlet como zares, demuestra que no ha sabido entender lo innovadores y transgesores que fueron en su época Moliere, Calderón, Lope de Vega o el mismisimo Shakespeare. Precisamente autores que han trascendido por su inmensa capacidad para entender la naturaleza humana y su universalidad a lo largo de los siglos porque eran unos visionarios no atados a su época ni al lengua que entonces prevalecía.
Voy a pasar por alto su critica a la petición por parte de las mujeres de más y mejores personajes femeninos, porque hace años que dejó de preocuparme el machismo que huele a alcanfor tanto de Marías como de Arturo Perez Reverte, yo se quien soy y donde estoy.
Lo que me parece un acartonamiento por su parte es la idea de que una mujer no pueda interpretar personajes masculinos, en sus líneas incluso se muestra ofendido, como aquellos señores del pleistoceno que se escandalizaban por ver a dos hombres o dos mujeres pasear de la mano.
Él mismo nombra a la inmensa Blanca Portillo y su interpretación de Segismundo en La vida es sueño como algo que ha oído que fue bueno, pero que no le tentaba.
Por culpa de esa inapetencia Marías se perdió una interpretación HISTÓRICA. El trabajo de la Portillo era de una sutileza, belleza, minuciosidad e inteligencia apabullantes que engrandecían al ya de por si enorme protagonista de Calderon.

Pienso también en que si no se sintió tentado por una obra como La vida es sueño con Blanca como protagonista cuando la estructura de la obra era fundamentalmente clásica, estaría horrorizado por la propuesta de Tomaz Pandur de llevar a Blanca como el príncipe de Dinamarca en un Hamlet que como mínimo era transgresor.
Pienso también en que si estas dos propuestas son blanco de sus críticas, el infierno del arte debe ser para él la eléctrica Medea de Andrés Lima que prescindía de decorado, todo el trabajo del grupo teatral Animalario o la Lluvia Constante de David Serrano.
He temido escribir este post desde que se publicó este artículo porque si hay algo que detesto es ser lo que actualmente se llama un hater, pero he pensado en lo bueno que me ha aportado.
En un Marías escribiendo esas líneas en su casa con humor molesto por tener que hablar de algo que le desagrada, sentado frente a un ordenador pensado probablemente en el partido de futbol de esa noche ( él es muy de futbol), y pienso en mi sentada en la Comedie Francaise recibiendo un impacto emocional llamado Les Damnés o en lo que me divertí en el teatro Odeon viendo Dom Juan.
Pienso en el dolor frío que sentí viendo Medea de Andres Lima o lo que me ayudo a abrir mi mente ver los trabajos de Miguel del Arco, todo lo que aprendí de los clásicos riendo y disfrutando con los Ron LaLá y la primera vez que me dejé arrastrar por La tempestad de Sergio Peris Mencheta.
Y me doy cuenta de que todas estas obras modernillas me hicieron más abierta, más tolerante, me llevaron a limites, lugares o sentimientos que no sabía que existían ....pero sobretodo me hicieron pensar. 
Me enfrentaron a mi como persona, a mis creencias y convicciones, a ver las cosas desde otro lugar o imaginar en la mente de otros.
El articulo de Javier Marías me ha recordado todo lo bueno que he visto y vivido en mis años como espectadora teatral, sus palabras en cambio no me han aportado nada.
Los próximos cuatro días llega una de esas obras de teatro que Marías detestaría, Incendios de Mario Gas.
Una obra en la que los actores se duplican o triplican en varios personajes para impactar de lleno en el espectador, una obra maestra de las tablas con un elenco de actores capitaneados por Nuria Espert en verdadero estado de gracia. Nada convencerá al escritor que la vea, pero creo que aquellos que esperamos que la vida nos sorprenda, que buscamos un arte que busque cada vez más allá, que probamos un teatro diferente, más libre y conmovedor, más profundo e ilimitado podremos entender porque paladear Incendios en uno de los mejores teatros del mundo como es el Arriaga, es lo que hace grande el arte del TEATRO.

Aquí la critica en detalle de la obra. Lo dicho...una obra MAESTRA.
http://desmontandoamelody.blogspot.com.es/2016/11/teatro-incendios-de-mario-gas-malditas.html